Walden - Henry David Thoreau

Walden

Walden es, probablemente, el mejor libro que he leído en los últimos doce meses. Así pues, avisados quedan, lo que sigue va a ser una recopilación de elogios hacia el citado libro.

Henry David Thoreau (12 de julio de 1817 – 6 de mayo de 1862) escribió Walden hacia 1854. Este ensayo, junto con su famoso tratado La desobediencia civil, le encumbró como uno de los grandes filósofos anarquistas norteamericanos del siglo XIX.

En Walden Thoreau relata los meses que vivió en una cabaña de madera que el mismo había construido cerca de la laguna de Walden (en Concord, Massachusetts). En palabras del autor:

Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentarme sólo a los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que la vida tenía que enseñar, y para no descubrir, cuando tuviera que morir, que no había vivido. No quería vivir lo que no fuera la vida, pues vivir es caro, ni siquiera practicar la resignación a menos que fuera completamente necesario. Quería vivir con profundidad y absorber toda la médula de la vida, vivir de manera tan severa y espartana como para eliminar cuanto no fuera vida, abrir un amplio surco y arrasarlo, arrinconar la vida y reducirla a sus términos inferiores y, si resultaba mezquina, coger toda su genuina mezquindad y hacerla pública al mundo; o, si era sublime, saberlo por experiencia y ser capaz de dar cuenta de ello en mi próxima excursión.

El libro empieza con las ideas del autor sobre la sociedad:

Haced lo que los viejos dicen que no podéis hacer y veréis como podéis hacerlo.

Pertenecemos a la comunidad. No sólo el sastre es la novena parte de un hombre; otro tanto es el predicador y el comerciante y el granjero. ¿Dónde ha de acabar esta división del trabajo? ¿A qué objetivo sirve al fin? Sin duda otro podría también pensar por mí, pero no es deseable que lo haga hasta el punto de evitar que piense por mí mismo.

la libertad:

Pero la única América verdadera es aquel país donde somos libres para seguir un modo de vida que nos capacite para pasarnos sin esas cosas y donde el estado no intente obligarte a mantener la esclavitud y la guerra y otros gastos superfluos que directa o indirectamente resultan del consumo de todo esto.

y el progreso (del que no reniega pero que en muchos casos cree sobrevalorado):

Tenemos mucha prisa para construir un telégrafo magnético desde Maine hasta Texas, pero puede ser que Maine y Texas no tengan nada importante que comunicar. (…) Como si el principal objetivo fuera hablar rápido y no hablar con sensatez.

Pero el tema respecto al que realmente gira toda la obra va más allá. Thoreau planteau una tesis que hoy vuelve a ser más actual y necesaria que nunca: La vida ideal es aquella en la que trabajamos lo justo para subsistir, cansándonos menos, disfrutando más de los quehaceres diarios y conservando más tiempo para pensamientos más profundos. Aquel que pasa todo el día cultivando el campo no tiene tiempo ni fuerzas para lo que realmente importa.

¿Por qué ha arraigado el hombre tan firmemente en la tierra, sino para poder alzarse en la misma proporción hacia los cielos?

Los hombres sólo dan en el blanco al que apuntan. Por tanto, aunque fallen de inmediato, harían mejor en apuntar a algo elevado.

Thoreau no soporta los artificios y detesta lo accesorio. Thoreau pide para sí y para los demás una vida sencilla y pacífica:

En cuanto a las pirámides, no hay nada por lo que asombrarse tanto como del hecho de que pudiera haber tantos hombres degradados para gastar sus vidas en construir la tumba de un bobo ambicioso, que habría sido más sabio y viril ahogar en el Nilo, y arrojar luego su cuerpo a los perros.

Un hombre honrado no necesita sino contar sus diez dedos y, en casos extremos, añadir los diez dedos de los pies, y dejar el resto. ¡Sencillez, sencillez, sencillez! Os digo que vuestros asuntos sean dos o tres y no cien o mil; en lugar de un millón, contad media docena y llevad las cuentas con la uña del pulgar.

Estoy convencido de que si todos los hombres vivieran con tanta sencillez como yo lo hice, el hurto y el robo serían desconocidos. Éstos sólo tienen lugar en comunidades en que unos tienen más de lo suficiente, mientras que otros no tienen bastante.

Pero ¡cuidado! Thoreau no pretende imponer a nadie su modo de vida:

Confieso que, en la práctica, tras conocer la auténtica disposición de un hombre, no albergo esperanzas de cambiarla para mejor o para peor en esta etapa de la existencia.

Y reconoce estar lejos de ser un modelo a seguir:

No he soñado nunca con una atrocidad mayor que la que yo he cometido. Nunca he conocido, ni conoceré, a un hombre peor que yo mismo.

Poco a poco, el libro deja de lado las ideas anarquistas y se convierte en una oda al entorno natural de Walden Pond:

Los frutos no proporcionan su verdadero sabor a quien los compra ni a quien los cultiva para el mercado. Sólo hay un medio de obtenerlo, pero pocos lo emplean. Si queréis conocer el sabor de las gayubas, preguntad al vaquero o a la perdiz. (…) Una gayuba no llega nunca a Boston; allí no han vuelto a verlas desde que crecían en sus tres colinas. (…) Mientras reine la justicia eterna, ni una sola gayuba inocente será transportada hasta allí desde las colinas campestres.

Thoreau describe a algunos de sus visitantes con cierto sarcasmo:

Por fin, estaban los supuestos reformadores, los más aburridos de todos, que creían que siempre estaba cantando:

Ésta es la casa que construí;
Éste es el hombre que vive en la casa que construí;

pero no sabían que el tercer verso decía:

Ésta es la gente que fastidia al hombre
Que vive en la casa que construí.

Y si bien, Walden dista de ser una obra cómica hay algún que otro pasaje que dejan entrever la cara más simpática de Thoreau:

Pero si venían veinte y se sentaban en mi casa, no se hablaba de la cena, aunque pudiera haber pan para dos, como si la comida fuera un hábito olvidado, y practicábamos naturalmente la abstinencia (…) Podía tender así tanto a veinte como a mil y, si alguien se marchó decepcionado o hambriento de mi casa tras encontrarme en ella, puede estar seguro de que al menos simpaticé con él.

Una vez llegué a cazar una marmota que destrozaba mi campo de judías —llevé a cabo su transmigración, como diría un tártaro—.

Rescatad al que se ahoga y ataos los cordones de los zapatos.

Y ahora si, ya para finalizar, una última cita que resume bien el espíritu de Thoreau y su obra:

Hay muchas cosas hermosas que no podemos decir si tenemos que gritar.

BOLAEXTRA: Se puede decir que Walden cumple aquello que Fabrizio profetizaba: Todo libro bueno sirve de autoayuda. Los libros de autoayuda, por otro lado, son todos malos.

Escrito en 19/12/08 09:39 por Carlos Luna en las categorías:

Comentarios

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Vaya, que interesante.

Aunque a veces me planteo cambio, mi vida sigue en las antípodas de lo que cuenta Thoreau… ojalá tuviera más tiempo para reflexionar al respecto ;-)

Kiko Llaneras | 19/12/08 11:42 | #
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Has leido Walden Two de B.F. Skinner? En cierta forma es la versión “social” del Walden de Thoreau. Está escrita en el 48, pero en los 70 hizo furor.

Miquel | 20/12/08 11:09 | #
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@Kiko Llaneras: Según Thoreau no dispondrás de ese tiempo hasta que no emprendas ese modo de vida…

@Miquel: No lo he leído, pero vaya, me parece más natural empezar por el Walden (1) ;-)

Carlos Luna | 20/12/08 19:05 | #
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Sí, tienes toda la razón, aunque yo, como que soy un poco “raro”, empecé por el segundo …

Se puede encontrar una edición en castellano en pdf a aquí
En inglés se puede comprar a la fundación B.F. Skinner por 8$

Naturalmente, el nombre del edificio Walden-7 de Sant Just, diseñado por Ricardo Bofill, procede de dichos libros, especialmente del de Skinner.

Miquel | 21/12/08 18:53 | #
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No se donde conseguir el libro, tengo muchas ganas de leerlo, no saben en donde lo pueda conseguir en internet?
me escriben a camilo.a.h.g@hotmail.com si alguno sabe.

Camilo | 22/11/10 01:46 | #

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